Junto a Aznar, en el acto de clausura del Campus FAES, en Madrid
- El presidente del Partido Popular asegura que “España no necesita una mera sustitución en su Gobierno”, sino “una auténtica reconstrucción nacional, un nuevo contrato social en el que reconozcamos lo que nos debemos unos a otros” con la firme voluntad de cumplir con él
- Enfatiza su voluntad de convocar a los españoles a “renovar el contrato social que sustenta cualquier democracia”, aquel que hace cincuenta años, en la Transición, fue “un gran pacto de confianza entre españoles” que “permitió la mayor transformación de nuestra historia” y que “millones de españoles vivieran mejor que sus padres”
- Emplaza a los españoles a participar activamente en esa gran convocatoria nacional que serán las próximas elecciones, para “dejar de ser un país dividido, cansado y resignado” y para “renovar un contrato social en el que todos los españoles cuenten”. “Vamos a por una mayoría a la altura de esta ambición nacional”, arenga
- “Convocar a los españoles es ofrecerles renovar ese contrato, volver a comprometernos a arreglar este país bajo un principio muy sencillo: los españoles cumplen y el Estado responde”, desarrolla, tras constatar que “esa confianza se ha roto” y subrayar la necesidad de “pasar de la lógica del agravio a la lógica de la ciudadanía compartida” a través de “derechos iguales”, “servicios equivalentes” o “símbolos comunes”
- “Toda mi vida he intentado ser un presidente libre, y comprenderán que a estas alturas de mi vida no voy a cambiar”, se sincera. “Mi única ambición es reconstruir mi país; no tengo una carrera que construir ni una salida posterior que buscar. Estoy dispuesto a acabar con todo lo que hay que acabar y a hacer todo lo que hay que hacer”, se compromete
- “Mi objetivo no termina con echar a Sánchez, sino con acabar con todo lo que representa: la mentira y la supervivencia política como único propósito en el ejercicio del poder”, sitúa su proyecto más allá del final del sanchismo
- Sostiene que una sociedad “no se rompe cuando discrepa, sino cuando deja de confiar en sus posibilidades colectivas”: cuando una familia duda de que sus hijos puedan tener una casa, cuando un trabajador teme por la viabilidad del sistema o cuando “un contribuyente ve que sus impuestos acaban en lo más sórdido, y no en lo más necesario: la educación, la sanidad…”
- Advierte de que “acabar en las urnas con esta etapa sólo es el principio”, y describe con crudeza al Ejecutivo: “Vivimos bajo un Gobierno con menos principios que algunos clanes del crimen organizado. Literalmente”
- Apuesta por “volver a fortalecer el Estado de derecho” —“la única alternativa a la ley del más fuerte o del más poderoso”—, “restaurar las instituciones” revertiendo su captura partidista —“jueces independientes, Fiscalía independiente, órganos reguladores independientes”—, y “devolver a los ciudadanos una Administración que sólo defienda el interés general”, con obligaciones tan básicas como presentar Presupuestos cada año, celebrar un Debate del Estado de la Nación y dimitir “cuando corresponde”
- Reclama que a “la clase media no se la siga exprimiendo hasta extinguirla”, ni ahogándola “hoy con impuestos e inflación y mañana con deudas familiares y deuda pública”, y reivindica que “la economía vuelva a medirse en la nevera de los hogares y no en la caja de la Administración”. “En este país hay margen para bajar impuestos porque en los últimos años no han parado de subir”, zanja
- Reivindica un Gobierno que controle la inmigración y “ejerza nuestro derecho a decidir quién entra, cómo y en qué condiciones permanece”, garantizando la bienvenida a “quien aporta” y la expulsión a “quien delinque”
- Sitúa el estancamiento de los salarios como “uno de los principales problemas de España” y avisa: “Los salarios con carácter general no se suben por decreto; suben cuando sube la productividad”, y pide que las empresas puedan hacer planes “porque las reglas no cambien de hoy para mañana” y solucionar el “problemón de la burocracia”: “Menos burocracia no significa menor Estado; significa mejor Estado”
- Sobre Ceuta, sostiene que “España no sufrió un ataque a su integridad territorial por su fortaleza, sino por su debilidad”, y reclama que los ciudadanos “vuelvan a tener un Gobierno que cumpla con su deber de protegerles, siempre y en toda circunstancia”: “Sánchez ha sido un presidente sumiso dentro y fuera de España. Yo solo le debo obediencia a mi país”
- Reivindica que “España no es un país pequeño, ni marginal, ni irrelevante”, sino “un socio serio en Europa, un puente real con Iberoamérica y un aliado fiable en el mundo occidental”, y marca la línea: “El papel de España entre América y Europa no es el de abrazarse a dictaduras en foros internacionales. Nuestro papel es seguir defendiendo la libertad, y eso empieza por defender la nuestra”
- Descarta abrir crisis diplomáticas con países hermanos o aliados históricos, pero sentencia: “Tampoco nos interesa confundir la diplomacia con la docilidad; diplomacia toda, docilidad ninguna”
- Concluye subrayando la posibilidad de “ser un presidente del Gobierno honesto, reformista y que cumpla su palabra” como lo fue José María Aznar, en quien reconoce un “espejo” y una “fuente inspiradora”, y cuyos mimbres representan para Feijóo a nivel personal “no una alabanza, sino un reto”