Con ocasión del debate de una iniciativa del GPP conmemorando los 125 años de la botadura del primer submarino torpedero de la historia naval – que logró el apoyo unánime de la Comisión de Defensa-, Ruano señaló que ese hito puso de manifiesto “una vez más que, a pesar de las dificultades económicas y de desarrollo tecnológico que atravesaba nuestro país, podía acreditarse la vigencia del dicho popular de que: ‘Al igual que a los soldados de nuestros Ejércitos se les supone el Valor, a los marinos de nuestra Armada se les supone el Saber”.
Ruano destacó dos de las mejores virtudes de Isaac Peral: talento naval y sentido de Estado. “Talento y buen sentido era lo que Ortega y Gasset denominaba la cosa más difícil de tener y Peral contó con talento naval, pues conocía bien la virtud del arma submarina y su capacidad de enfrentarse con éxito a los mayores acorazados, y con un gran sentido de Estado, pues no aceptó ninguna de las ofertas de otros países para fabricar su invento”.
Fueron ese saber y esa vocación de servicio los que, según Ruano, “de la mano de Isaac Peral, podían haber colocado a la Armada española en la vanguardia tecnológica y naval de finales del siglo XIX y principios del XX” de haberse fabricado en serie el prototipo ideado por Peral, pudiendo haber situado “nuevamente a nuestro país en los mares con una importante y novedosa baza en la escena internacional”.