En el debate para la creación de una Subcomisión relativa al uso del velo integral femenino, en espacios y establecimientos públicos
- La portavoz adjunta del GPP en el Congreso afirma que “la izquierda ha culminado su involución reaccionaria de luchar por la emancipación de la mujer a defender su invisibilización, y todo en nombre de una religión”
- “Hay una idea que sostiene todos los argumentos de la izquierda, aunque ustedes lo nieguen expresamente: se llama relativismo cultural y merece ser demolida. El relativismo cultural afirma que todas las prácticas son equivalentes si están amparadas por una cultura. Lo que aquí es opresión, allí es tradición”, indica
- “Suena tolerante -continúa explicando-, incluso sofisticado, pero en realidad es la coartada moral de las bellas almas para abandonar a los más vulnerables. Porque si todo vale en nombre de la cultura, entonces todo debe ser aceptado: la ablación genital femenina, la lapidación de adúlteras, la persecución de homosexuales”, advierte
- Señala que “España acabará prohibiendo el burka, no en defensa de una identidad, no para blindar una tradición, sino por coherencia con lo que somos: una democracia”. “Y en una democracia nadie tiene derecho a borrar a otro”, proclama
- Explica que el PP no propone prohibir el islam, ni la fe, ni el culto, “lo que se propone es limitar una práctica concreta que atenta contra la libertad y la igualdad, porque la libertad religiosa no es un cheque en blanco para la opresión”
- Recalca que “el burka no es una excentricidad cultural ni un capricho de guardarropa, es un instrumento de sometimiento y su símbolo más siniestro”. “Le dice a la mujer tu cuerpo es una amenaza, tu rostro es una perturbación, tu presencia pública es inaceptable, desaparece. Y algo más: el espacio público en una democracia exige reconocimiento mutuo; no puede haber ciudadanía sin rostro”, remarca
- Denuncia que “la izquierda clama contra el machismo en la Iglesia católica, en la cultura española y en Occidente en general, pero luego enmudece ante el sometimiento de la mujer en el islam”. “Eso no es tolerancia, es asimetría moral, es cobardía y es algo mucho peor, es una forma de condescendencia racista”, agrega
- “El burka es la prueba definitiva de la degradación intelectual y moral de la izquierda”, apostilla
- “Y sí hay sociedades mejores que otras, y no porque sean las nuestras, sino porque han resuelto mejor la relación entre el individuo y el poder, porque protegen mejor la libertad, garantizan mejor la igualdad y reconocen mejor la dignidad del ser humano”, subraya
- “Esto no va de identidades, sino de derechos. Esto no va de costumbres, sino de valores y principios democráticos. El burka y el niqab son inaceptables no por ser ajenos a las costumbres europeas o españolas, sino porque atentan contra los derechos de la mujer”, incide
- Lanza un mensaje de esperanza: “Para las mujeres iraníes, que se juegan la vida por defender su derecho a ser ciudadanas visibles; para las mujeres afganas que, tras atisbar por fin la luz, han vuelto a estar sometidas a la oscuridad talibán; y también para las niñas musulmanas en España, que tienen el mismo derecho que las no musulmanas a que defendamos su derecho y su dignidad”