La comparecencia del presidente de RTVE en la Comisión de Control Parlamentario nos ha mostrado la peor faz de Alberto Oliart. Huidizo, retador, airado, furibundo...
La justificada indignación del Partido Popular por el cotidiano maltrato que recibe por parte de los servicios informativos de TVE sólo ha merecido una descalificación indolente, una reacción biliosa, un enroque numantino digno de mejor causa.
El portavoz socialista y asiduo beneficiario de RTVE, Óscar López, ha dicho que el Partido Popular ha comenzado la campaña electoral y que Oliart es una pieza de esa campaña.
Ni campaña electoral, ni mandangas. Le pedimos a Oliart que dimita porque el aire informativo de RTVE es irrespirable, la manipulación es agobiante y el sectarismo brilla con luz propia y cegadora. Le exigimos a Oliart que asuma la responsabilidad del hostigamiento que sufre en RTVE el PP y del favoritismo con el que se trata a diario al Gobierno de Zapatero. Le comunicamos a Oliart que no cuenta ya con nuestro apoyo porque nos ha defraudado profundamente.
Que los socialistas se encuentren tan a gustito en RTVE es natural, que le hagan la ola a Oliart es de una agradecida correspondencia, que vivan en el mejor de los mundos por la cortesía que reciben en la cadena pública es del todo punto lógico. La realidad es que, con el espejismo de las audiencias, se está socavando el futuro de RTVE mientras se alfombra el camino a algunas cadenas privadas.
Oliart está a punto de perder el último poso de honestidad política e independencia que le pudiera quedar. La sumisión de la cadena pública al Gobierno socialista tiene en cada Telediario un ejemplo vivo y elocuente, una muestra apabullante de las peores prácticas. No se puede negar la evidencia, rehuir lo que está a la vista de todos los ciudadanos. Sus propias respuestas, desabridas y encrespadas, sólo tapan un poco una responsabilidad mayúscula en esta etapa de manipulación y sectarismo de RTVE.
Volveremos a decirle a Oliart, cuantas veces sea necesario, que no está a la altura de un compromiso fiable con la independencia, la pluralidad y el consenso. Que su mejor destino es la dimisión inmediata y que ha malbaratado el caudal de confianza que pusimos en él hace unos meses. Lo que no haremos nunca es llamarlo "pieza" como hace el PSOE.
Oliart huye hacia adelante, jaleado por el grupo socialista (¡faltaría más!) y revestido de una obstinación indecorosa y la más absoluta falta de argumentos que nos convenzan. Oliart debe dimitir y se lo vamos a seguir pidiendo.
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