TVE no es un campo neutral para celebrar un debate. Llegar a esta conclusión es terrible. Se trata del único medio de comunicación público estatal que teóricamente debería, también, ser independiente, plural y objetivo. Pero no lo es.
Nuestras críticas no son un capricho y tampoco una obsesión. Hay circunstancias objetivas, medibles, verificables que despojan abruptamente a TVE del papel de neutralidad que sería el más idóneo para confrontar propuestas en un debate electoral al que todos los ciudadanos tienen derecho.
Si TVE no es un campo neutral, sino un medio sembrado de pifias, manipulaciones y triquiñuelas para favorecer a un candidato, el del PSOE, deberían desprenderse dos reacciones: la reflexión y la rectificación. La primera, sospecho, que ni siquiera se la plantea el máximo responsable de sus servicios informativos, Fran Llorente, instalado en la autosatisfacción y en un fogoso partidismo. Nada que repensar, nada de hacer autocrítica, nada de pararse un momento a analizar las denuncias y a rebatirlas. Ni siquiera el hecho mismo de que TVE se descarte para albergar un debate entre las dos principales opciones políticas ha forzado que se pregunte internamente por las razones de ese descrédito.
Si la reflexión es imposible, la rectificación resulta ilusoria. Nuestras esperanzas de lograr un trato imparcial han sido siempre muy tenues. La experiencia cotidiana demuestra que la agonía del candidato socialista ante sus malas perspectivas electorales se ha traducido en TVE en una multiplicación de sus atenciones hacia Rubalcaba.
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