Ser cubano en Cuba tiene que ser delito, porque si no quién con dos dedos de frente puede a estas alturas olvidarse de lo que pasa en la isla. ¡Ah sí! Rodríguez Zapatero. El gran olvidadizo de lo que quiere no se acordó recientemente, tarde y mal, de que un preso político había muerto en prisión por defender la libertad y maldecir a un régimen basado en la esclavitud, la más tóxica uniformidad y el Alzheimer del pensamiento.
Basta ya de tanto criticar para no ofender. Basta ya de tanta demagogia trasnochada de un gobierno y un PSOE que mira hacia otro lado. Basta ya de tanta hipocresía barata con un régimen muerto en la sociedad cubana y vivo en el corazón de los nostálgicos de la izquierda que se dice, ¡qué sarcasmo!, progresista. Basta ya de tanta mordaza informativa en la isla que deja en evidencia la sumisión de los medios de comunicación cubanos y españoles que ocultan, pasan de puntillas o minimizan un problema que si tuviera otro color político provocaría portadas diarias de condena. ¡Basta ya!
Libertad de prensa, libertad de información, libertad de pensamiento. Estas tres cosas tan normales para muchos parecen no serlo para unos pocos y ¿cuántas más muertes, cuántas más persecuciones, cuánto miedo más hace falta para que esto cambie? Luego seguiremos oyendo a los "Hermanos Dalton" (Los Castro) sus medias verdades, sus mentiras enteras, hablándonos de las bondades de un régimen fracasado que vive de la mentira y que lo único que ha conseguido es llevar a un país a la ruina y la desesperación, y que además amenaza, si no lo ha hecho ya, con contagiar a otros desde la burda y exagerada imitación de liderzuelos bolivarianos que se erigen como el peor ejemplo del fanatismo y a su vez de la pobreza a la que quieren y están consiguiendo derivar a sus pueblos.
Mientras esto pasa, el pueblo cubano sufre en silencio, porque ya sabemos lo que pasa a quien quiera gritarlo. Mientras esto pasa, los altavoces cubanos mantienen fuera de su país las vías de comunicación abiertas para frenar lo que no se debe saber y amplificar lo que no es verdad. Mientras esto pasa, ZP, los de la ceja, las ONGs progresistas, los comunistas y todo lo más rancio de la sociedad española calla, se da media vuelta y huye de la cruda realidad. Esta y no otra es la respuesta a lo que está pasando. Una respuesta cobarde y humillante para los millones de ciudadanos del mundo que no entienden que en 2010, al comienzo del siglo XXI, haya todavía países donde los derechos humanos ni están reconocidos ni se les espera.
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