Hace doce días que Miguel dejó la huelga de hambre. Y mientras lo escribo se me viene a la cabeza la entrevista que escuchaba esta misma mañana en rne. Sintonicé la cadena cuando ya estaba empezada la conversación, pero deduje que Juan Ramón Lucas entrevistaba a un miembro de Médicos sin Fronteras. La entrevista se centraba en la situación del cuerno de África. Kenia, Somalia y Etiopía siguen sufriendo y todos los esfuerzos realizados no resultan suficientes.
¡Qué paradoja más absurda! Mientras Miguel protestaba mediante la negación a alimentarse, nuestros vecinos africanos no tienen qué llevarse a la boca. Las soluciones para los segundos no son tan sencillas. La sequía no es la única razón de la falta de alimento. La inestabilidad política y el precio de los productos suman dificultades para alimentar a las poblaciones, que mueren ante la desesperación de las ong's que están allí haciendo lo que mejor saben hacer: ayudar al que más lo necesita.
Pero qué pasa con la solución para Miguel. Miguel también se está muriendo. Quizás no de hambre, aunque las secuelas que la huelga ha dejado en su cuerpo son graves. Lo estamos matando cada día que pasa encerrado entre rejas. Estamos matando su esperanza, su creencia en la justicia, su confianza en la gente, sus ganas de vivir. Cómo puedo decirle a Encarnación, su hermana, que Miguel tiene motivos para despertarse cada mañana. Que no desespere. Que seguimos en la lucha. Que confío en verle abrazar a sus hijas en su casa, rodeado de los suyos. Lo cierto es que se lo digo. Y lo hago porque creo que mi obligación es ayudarle y también la de cambiar lo que no funciona. Y desde luego, muchas cosas no han funcionado bien cuando Miguel sigue levantándose cada mañana en una prisión española.
En los pasados meses he recibido algún comentario sobre mi insistencia con el tema de Miguel Montes. Si lograr un indulto para Miguel fuese mi único trabajo diario, creo que sería motivo más que importante para levantarme cada mañana y dedicar todo el día a lograrlo. Como le digo a Encarnación, seguiré en la lucha y sé que son muchos los que cada día piensan en Miguel y dedican su tiempo a lograr su libertad. Gracias a todos.
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