Cada vez son más las voces autorizadas que alertan que tras consumarse el rescate de Irlanda la tensión de los mercados acabará por afectar a Portugal, prioritariamente, y a España en segundo término.
Nuestra prima de riesgo ya ha superado los 300 puntos, lo que sitúa la rentabilidad de la deuda española en el 6%. Grecia e Irlanda fueron rescatadas cuando los intereses de su deuda habían sobrepasado el 8%. Lo cierto es que, a fecha de hoy, padecemos una evidente desconfianza cimentada en una profunda incertidumbre.
Tradicionalmente los mercados han valoran positivamente a España cuando las políticas económicas de sus Gobiernos eran sólidas y acordes con el escenario económico-financiero mundial. Actualmente, por el contrario, nuestra fiabilidad en los mercados está en entredicho.
No es España, ni sus empresas ni la solvencia del sistema financiero español las causas de esa escasa credibilidad internacional; más bien la falta de decisión del actual Ejecutivo para poner en marcha las medidas correctoras necesarias.
La desconfianza no la genera España, pero sí Rodríguez Zapatero que ha conseguido el dudoso mérito de aunar suspicacia y ausencia de credibilidad ante cualquier foro u organismo económico. Por ello resulta profundamente irresponsable la negativa del presidente del Gobierno a adoptar una nueva política económica en la dirección correcta para evitar que nuestro país se vea abocado a recurrir a fórmulas de rescate similares a las utilizadas en los casos griego e irlandés.
La economía española precisa con suma urgencia lanzar un mensaje claro y rotundo de fiabilidad a nuestros socios comunitarios y a los mercados internacionales, pero esa nueva posición depende casi en exclusiva de la voluntad del actual Gobierno. Sería lamentable, pero sobre todo perjudicial para millones de españoles, que Rodríguez Zapatero no asuma esa responsabilidad.
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