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05
2011
Dic
Más Europa

John Gray es un filósofo y politólogo británico de 63 años, sus obras se han traducido a más de treinta idiomas. Aunque ya está jubilado, ha ejercido como catedrático de Pensamiento Europeo y profesor de Teoría Política en Oxford, Harvard, Yale y London School of Economics. Credenciales, desde luego, sí que tiene. En una entrevista que ayer publicaba La Vanguardia afirma que "el sueño europeo ha terminado". Lo mejor, afirma, es aceptar que la UE se acabó e ir desmantelando gradualmente sus estructuras. Pronostica que el euro durará un año más o, a lo sumo, dos.

 

El escepticismo europeo de Gray no solo no es nuevo sino que a lo largo de los últimos tiempos, diría incluso que a lo largo de los últimos días, se ha ido acentuando. No recuerdo haber escuchado nunca antes a altos responsables políticos europeos hablar tan claro de una eventual caída del euro. Últimamente es, sin embargo, tema común entre políticos, empresarios, analistas y periodistas.

Se suceden informaciones  sobre empresas multinacionales que ya preparan planes ante lo peor. Hace pocos días circuló la noticia- no la he visto desmentida- de que las autoridades británicas habían dado instrucciones a sus embajadas en la zona euro para asistir a sus súbditos ante un eventual colapso del sistema bancario europeo...

 

Es verdad que desde hace tiempo, la vieja Europa, hoy vestida de nueva Unión Económica y Monetaria, parece ocupar un lugar marginal dentro del concierto mundial. Como si se fuese cumpliendo gradualmente la profecía de antaño según la cual o mejorábamos nuestra capacidad de competir, o nos quedaríamos relegados a "turismo y museos"... Nunca he dado mayor consistencia a tales predicciones. Mucho menos a las del profesor Gray, por más que su reflexión académica haya sido dedicada durante muchos años, en gran parte, a Europa. La idea de una Europa unida, larvada en el ecuador del pasado siglo tras los devastadores efectos de la segunda guerra mundial,  hoy, en el siglo XXI, cobra, en mi opinión, una vigencia aun superior. Por diferentes motivos, es verdad. Aunque no tanto. Si en el pasado siglo el temor venia dado por la memoria de las dos guerras, lo que causa pavor en el momento actual es el miedo a una gran depresión económica. Sus efectos en términos de desempleo masivo pudieran dejar en anécdota los indicadores de paro - ya dramáticos- que hoy conocemos.

 

Hay solución y es verdad que no es una solución fácil. Pero la tenemos al alcance de la mano... si Europa hace lo que debe hacer. El camino no puede ser otro que más Europa.

 

Con la creación del euro la UE dio  un paso de gigantes. Pero insuficiente. Los estados miembros de la Unión Económica  y Monetaria cedimos nuestra política monetaria- y por tanto la capacidad para influir en el tipo de cambio de nuestra moneda, el euro-a una autoridad monetaria central, el BCE. El euro ha funcionado relativamente bien y el BCE también pues ha conseguido mantener bajo el precio del dinero- es decir el tipo de interés del euro- lo que ha permitido crecimientos sostenidos durante muchos años.

 

El  problema es que al tiempo que los estados cedíamos una parte de nuestra política económica - la monetaria- nos seguíamos reservando otra parte muy determinante -la política fiscal y presupuestaria- lo cual, en un contexto de autodisciplina fiscal (no gastar más de lo que se tiene) habría sido suficiente para garantizar el funcionamiento de la moneda común sin mayores distorsiones. Sin embargo, en un entorno europeo  heterogéneo en cuanto a políticas económicas (y de "mentalidades" variopintas en cuanto a  disciplina fiscal), las consecuencias no se han hecho esperar ante el primer gran embate financiero vivido por la economía mundial desde que el euro naciera.

 

Ahora bien, conocido el problema, tenemos la solución: o en Europa vamos a una política económica integral común (incluyendo las políticas monetaria, fiscal y presupuestaria) o no tendremos más remedio que darle la razón al escéptico profesor Gray.

 

Avanzar en tal dirección requiere tener ideas claras y sobre todo liderazgo. Sin embargo la fuerza aprieta y parece que en las últimas horas se observan iniciativas algo más contundentes en el núcleo duro de la Unión. Las intervenciones de Sarkozy el pasado jueves en Tolon, y de Merkel ayer en el Bundestag parecen haber puesto los puntos sobre las íes.

 

Con matices, ambos han marcado la nueva hoja de ruta de la UE. Un  nuevo enfoque que vincula solidaridad con responsabilidad. Ayuda y comprensión a los más rezagados, pero cumplimiento por todos de las normas del club.

 

Para ello Merkel ha anunciado que propondrá en el Consejo Europeo una reforma de los Tratados que garantice la unión fiscal con "un estricto automatismo de las sanciones" y el cumplimiento de los nuevos criterios de estabilidad y competitividad, que posiblemente sean, además, más exigentes. Se trata no solo de una unidad fiscal, sino de establecer incluso un nuevo  límite de endeudamiento.

Es verdad que sobre los eurobonos sigue negándose en redondo aunque deja una puerta abierta: "No podemos comprometer nuestra deuda con presupuestos en los que no tenemos control sobre sus ingresos y sus gastos. Para mí es increíblemente lógico" ha dicho, añadiendo que "quien pide su emisión para hacer frente a la situación de deuda es porque no la ha entendido". Una interpretación generosa podría llevarnos a no descartar dicha emisión siempre y cuando  la política presupuestaria de los países no cumplidores pueda ser controlada por la UE. Seria evidentemente una cesión adicional de soberanía pero ¿acaso  no se hizo ya al renunciar a la moneda nacional e incorporarnos al euro?

 

En un discurso de claro corte y matiz europeísta, la canciller  ha dejado claro que no hay medidas mágicas que vayan a acabar con la situación actual ni que contenten a todos por igual ni al mismo tiempo. Lo que ahora se pretende en la cumbre del próximo  día nueve es salvar el euro y sentar las bases de un proceso  de recuperación que tardara años en sortear definitivamente los efectos de la crisis de la deuda y su impacto en el euro.

 

Lo esencial es que la UE avance hacia una unión fiscal en la que las instituciones europeas tengan capacidad de sanción sobre los excesos presupuestarios de los países miembros. Lo que se plantea es una Europa fiscal más fuerte. Sin esa fortaleza, el euro tendría los días contados.

 

Estamos ante  la crisis más difícil y peligrosa desde el inicio del euro y probablemente desde la fundación de la UE.  Y la solución no puede ser menos Europa. Al contrario, o más Europa o no Europa.

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1 Comentarios

comentario

1

06/01/2012 a las 00:27:41h
Euro=Ruina para españa.

 

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