Marchamos como cada año hacia el 8 de Septiembre, Día de Extremadura, con la mochila cargada de crisis, muy a pesar nuestro.
Nuestro compañero de viaje no ha de ser el miedo, sino la confianza en nuestras posibilidades, en un tiempo en el que más que disimular, hay que reivindicar, y arrimar el hombro decididamente.
La crisis ha de ser sufrida por todos, pero no por igual. Los que menos tienen, son los que más necesitan ayuda.
No somos más que nadie como extremeños, pero tampoco menos. No es una cuestión de orgullo, es simplemente dignidad.
Tenemos ante sí el reto de la aprobación de un nuevo Estatuto de Autonomía para la región. Si Zapatero asumió el texto del Estatuto de Cataluña -a pesar de lo que decía-, debe avalar el extremeño, renunciando a la tentación de la mutilación. De lo contrario estaríamos ante Comunidades de primera, y de segunda, o prioritarias y meras sucursales, y no estamos para que nos sigan cerrando ventanas a nuestro futuro.
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