Ayer, Zapatero telefoneó desde la Carrera de San Jerónimo al Presidente de Cantabria, Miguel Angel Revilla, a fin de garantizar una inversión de 1.400 millones de euros, y una terminación a finales del 2015, del tren de alta velocidad entre Madrid y Santander.
Esta vez no han sido las anchoas, sino las amenazas, las que han arrancado el compromiso. Revilla advirtió que "si no hay AVE no hay pacto", así como una batería de intimidaciones de toda índole. Habrá quien pueda criticar las formas, pero el resultado nadie lo duda: hay presupuesto y hay fecha.
El presidente extremeño no recibe llamadas de compromiso como estas, y no será porque no tengamos productos gastronómicos de calidad, ni razones justificadas para exigir una obra esencial para nuestro futuro. El problema no es otro que aquí hay un presidente que aplaude todo lo que haga, diga o llegue de Moncloa, y así, para qué descolgar el teléfono.
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