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Archivado en: Esteban González Pons
11
2011
Abr
Para qué sirve la caligrafía

Dentro de poco aprenderemos a escribir a mano como quien aprende a dibujar. Será una diversión infantil e inútil, menos entre los dibujantes claro. Utilizar un lápiz, un rotulador o una pluma, para garabatear letras o números sobre el papel se convertirá en una rareza propia de artistas gráficos, nostálgicos de las recreaciones históricas y conspiradores contra el progreso. Me doy cuenta de que muchos pensarán que exagero, pero el desuso en que ha caído el envío de cartas y postales, por ejemplo, es el triste anuncio de que se acercan primaveras sin camales de cartero que morder para los perretes y sin adolescentes deslumbrados por un encabezamiento que dice: Querido diario. Es decir, un porvenir sin manos que escriben.


         Una leyenda urbana, regularmente difundida en la sección de curiosidades de la prensa, cuenta que las abejas están desapareciendo. El fenómeno suele estar ocurriendo en Estados Unidos o en Australia, y unas veces es causado por un virus y otras por el ataque de ciertas avispas gigantes, pero el final siempre es el mismo; la destrucción del mundo. Sin abejas no hay polinización y sin polinización no hay reproducción vegetal y, consecuentemente, la pirámide alimenticia se hunde por la liquidación de su base. Se trata, sin duda, de un guión fracasado y descompuesto en Internet, pero aplicado a la sequía de cartas en nuestros buzones resulta esclarecedor; la extinción de los mensajes escritos de puño y letra conllevará el final de la polinización postal de sentimientos.


         Si en la Universidad ya no se admiten trabajos que no salgan de una impresora, si el testamento hológrafo del tío soltero se descubre en un archivo de texto de su ordenador portátil y si los arruinados concejales se salen con la suya y acaban multando a quien grabe las iniciales y la fecha de un beso en la corteza protegida de un árbol del botánico, ¿quién escribirá a mano? La caligrafía no se mantendrá sólo con las notas que uno toma para uso particular. Primero, porque las agendas electrónicas ya traducen a signos tipográficos los postreros impulsos de esos puños que fueron manos alfabetizadas. Y segundo, porque pronto será nuestra voz ágrafa la que dicte los pensamientos más íntimos a un cursor parpadeante.


         Hay quien piensa que no es necesariamente fatal que dejemos de escribir a mano y hay quien piensa que la inteligencia individual nace precisamente de la capacidad de manipulación y transformación de cada uno sobre su entorno. Yo no tomo partido, me limito a decir que para mí no será lo mismo. Quizá esté anticuado pero he disfrutado mucho escribiendo y recibiendo cartas como para conformarme en el futuro con las video-llamadas.


         Os diré que sin cartas ya nadie secará flores para incluirlas en el sobre, ni será posible marcar en el margen de la misiva electrónica el lugar dónde se paró un insecto durante la redacción. ¿Y los suicidas, qué pasará con su declaración póstuma para el Sr. Juez?, ¿cabrán sus razones para despacharse un pistoletazo en la boca en un email o en un sms? Y sin postales, sabedlo, se acabó el "no tengo espacio para contaros más cosas", tan socorrido y el "papá también se acuerda de vosotros", tan piadoso. Y las colecciones de sellos, mi abuelo coleccionaba sellos, no tendrán sus niños que las comiencen porque los niños ignoran qué es un sello. Ahora bien, lo peor de todo será que, cuando definitivamente dejemos de escribir a mano y no haya distancia que una carta tenga que recorrer penosamente con riesgo de perderse o llegar tarde, tampoco habrá ausencia. Y sin ausencia no habrá dudas, ni inquietud, ni angustia, ni agujero en el estómago, y el amor será diferente. Incompresiblemente inmediato, ¿atosigante?


         Estoy anticuado, lo reconozco. Aprendí a escribir con los palotes de un cuaderno Rubio ("Mi Mamá Me Mima"), compuse cartas románticas para amigos desesperados a cambio de un café y un Winston, en la Facultad pasé a máquina apuntes tomados en clase por los mejores alumnos con las peores letras (las chicas siempre copiaron al profesor más claro, más limpio y con la ortografía correcta, no sé por qué) y he puesto telegramas divertidos y otros no tanto. La correspondencia reflejaba todo lo que pasaba en nuestras vidas, en papel perfumado, en tarjetas de cumpleaños para el nieto o en folios del hotel donde se pasaba el verano pensando en la primera novia. Y se devolvía con los portazos y los "ahí te quedas", o se guardaba en cajas de zapatos. Seguramente, un día de estos un joven escribirá con bolígrafo una carta de amor sin saber que es la última de la historia, y desde luego que después seguirá habiendo amor pero ya se contará en los locutorios telepáticos, o algo así.


         Mis dos hijos mayores saben escribir a mano y la pequeña no tardará en aprender. La condición amanuense de mi familia está salvada, por el momento. Me queda la tranquilidad de que, si cualquiera de ellos naufraga y termina en una isla desierta, sabrá autografiar el mensaje que lanzar al mar en una botella. Y le rescatarán y entonces comprenderá para qué sirve la caligrafía. Qué alivio.

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9 Comentarios

comentario

9

JantonioSR ha dicho el 02/06/2011 a las 20:15:12h
A esa pregunta le pueden seguir otras tantas pero hay una que me gustaría que alguine pudiera responderme y es: ¿para que sirve una Constitución? como por ejemplo la Española.

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8

20/05/2011 a las 16:24:33h
Estoy de acuerdo con que estamos dejando de escribir y cada vez va a costar más. De hecho, yo me compro siempre un bloc de notas y escribo ideas para desechables… y al principio me costaba escribir con buena letra de tanto tiempo que llevaba sin hacerlo..

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7

As ha dicho el 12/05/2011 a las 20:02:01h
Esteban, ¿cuándo nos va a deleitar con su próximo post?.

 

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