Seguramente a estas alturas nadie recuerde la campaña electoral que enfrentó a Cyntia y a Paula hace sólo algunos meses. No es raro dado que en su día no tuvo repercusión pública, lo asombroso del caso es que, pese a la importancia del momento para sus protagonistas, casi todos lo hayan olvidado ya. Debo confesar que no estuve presente y que sólo conozco los significativos hechos por referencias, pero lo que sé del desafío y su resultado me parece tan didáctico que me siento obligado a difundirlo. A pregonarlo, si se quiere.
Paula decidió presentarse sin saber muy bien la razón, tal vez porque la animaban sus amigos o para confirmar su condición de sujeto popular en la comunidad y, sin ninguna duda, parecido fue el impulso que movió a Cyntia. No es fácil dar el paso y, ante una llamada a votar, descararse: "yo quiero ser". No es fácil, hay que superar alguna limitación ancestral que nos sugiere que sobresalir resulta inseguro, dejar a un lado el miedo al ridículo, la timidez y las aprensiones, y situarse en el centro del foco de luz aceptando ser juzgado. Todo eso debieron considerarlo, conscientemente o no, Cyntia y Paula antes de proponerse como delegadas de su curso.
Paulita tiene nueve años, ocho cuando se celebraron las elecciones en su clase, algunas pecas, ojos azules como gotas de agua dulce y, si dejamos a un lado las horas que pasa consumiendo series Disney para pre-adolescentes, prefiere patinar antes que montar en bicicleta. Y Cyntia imagino que no debe ser muy distinta. Sin embargo, las dos niñas, que por cierto este mismo año tomaron su primera comunión (lo que ignoro qué tiene que ver con todo esto), afrontaron su aspiración al puesto de delegado de 3º B de forma bien diferente. Mientras Cyntia dio por hecho que todo el mundo sabía que iba a ser la más votada y, por si alguien se despistaba, lo cacareó en el patio mientras estiraba una coleta por aquí o escondía una cartera por allá, Paulita al principio mantuvo su ambición en secreto y, con una libreta de las que se cierran con un inútil mini-candado, recorrió la parte del colegio que corresponde a los escolares de su edad apuntando cosas que deberían mejorarse.
El día de la votación, era una mañana aburrida como otra cualquiera, la profesora propuso a las dos candidatas que explicasen a la clase las razones por las que querían ser la delegada. Paula, muy tranquila para su natural vergonzoso, segura de su causa, anunció que iba a esforzarse para que los cuartos de baño estuvieran limpios y para que los mayores no chutaran el balón fuerte en el recreo de los pequeños, y se sentó convencida de que su programa respondía a los verdaderos problemas de 3º B. Al principio Cyntia se sorprendió con esta estrategia ya que ella no había pensado en nada parecido a un debate electoral, pero reaccionó con rapidez y entonces prometió, sí prometió, una piscina climatizada con toboganes y trampolines en el jardín de al lado de la enfermería, un parque de atracciones gratis en el colegio y tres días de vacaciones todas las semanas. ¿Baños limpios o un parque de atracciones gratis en el colegio?, así se presentaron las alternativas.
Paulita tuvo que hacer un esfuerzo interior para votarse, le producía un raro miramiento escribir su propio nombre en la papeleta, pero mucho peor fue comprobar que el suyo resultó ser ¡su único voto! Todos los compañeros votaron a Cyntia, prefirieron una piscina climatizada antes que prohibir los balonazos.
Han pasado los meses y, como digo, no creo que nadie recuerde ya aquel desafío cuyo resultado no hizo llorar a Paulita, pero casi. El otro día le pregunté a la criatura si Cyntia había cumplido alguna de sus promesas y me respondió alegremente que claro que ninguna. Yo le he explicado que democracia significa que elige el pueblo pero no que el pueblo acierte, que el derecho esencial a equivocarse es casi tan importante como el derecho a decidir pues uno no existe sin el otro y que la actualidad está repleta de dirigentes escogidos por error. Que pese a todo debemos confiar en los políticos que ganan las elecciones y dicen siempre la verdad, ella me escucha con una expresión tan divertida que yo también sonrío y me callo.
En septiembre la niña dice que volverá a presentarse a delegada, esta vez de 4º B, porque los cuartos de baño siguen sin estar arreglados, aunque piensa que a lo mejor pierde otra vez porque tampoco hay todavía un parque de atracciones gratis en el colegio.
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