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Archivado en: Esteban González Pons
01
2010
Jun
Como mis hijos me han enseñado

Mis hijos y yo hemos leído en el periódico que el jugador hindú Viswanathan Anand ha revalidado el título de campeón del mundo de ajedrez frente al búlgaro Véselin Topálov. Dicho así parece otra noticia deportiva más, sin embargo debo añadir que el aspirante contó con la ayuda de un superordenador de 112 núcleos y casi nueve mil procesadores, además de la última versión aún no comercializada del mejor programa de juego, y que perdió. Cuando Anand supo que se enfrentaba al mayor computador de la historia pidió ayuda a sus viejos camaradas, los ex-campeones Gary Kaspárov y Vladímir Krámnik y el joven gran maestro noruego Magnus Carlsen, y juntos se prepararon para enfrentarse a lo que viniera del otro lado del tablero. Y los cuatro amigos vencieron al robot gigante, los antiguos mosqueteros volvieron a poder con el cardenal, los hobbits de nuevo erguidos frente al señor oscuro, otro penúltimo alarde de Cromagnon ante la inteligencia artificial de Matrix. Un cuento, una hermosa partida de ajedrez.

 

         Aprendí a jugar con mi tío Guillermo, asombrado por unas piezas antiguas que representaban guerreros moros y cristianos que, en mi imaginación de niño cuatro ojos, representaban la realización de cuantas leyendas me poblaban. Era el tiempo del épico enfrentamiento entre Bobby Fischer y Borís Spassky y tenía yo, además de pocos años, un profesor llamado Don Manuel que, con un gran tablero de corcho y peones y alfiles de cartulina sujetos con chinchetas, nos reproducía en clase cada jugada con todas sus anécdotas y connotaciones bélicas.  Desde aquel tipo que se apostó la oreja, ¿o era la mano?, a favor del ruso hasta los intentos de envenenamiento del joven genio americano. De este modo, puede decirse que llegué al ajedrez, como a casi todo en la vida, por la literatura.

 

         Soy un hombre completo, puedo decir que he enseñado a mis hijos a montar en bici, a no mentir más que para confundir al poder, a querer con locura, a perdonar a su padre, a no hacer ruido al comer palomitas en el cine, a bucear en la bañera, a distraerse con el vuelo de una mosca, a creer en John Silver el Largo, en Ivanhoe y en Atticus Finch, a cazar lagartijas y a jugar al ajedrez. A María le pinté un caballo de rosa con un corazón de nata sobre los ojos para que se paseara un día como una princesa y a Piluca, como es aún muy pequeña, la llevo sobre mis hombros por la calle para que crezca sin vértigo al mirar la vida desde arriba. Xixo, el mayor, llegó incluso a disputar con honor sendas simultáneas ante los mismísimos Anand y Spassky, lo que es casi como cruzar espadas con Alatriste, disparar contra Liberty Valance o recibir carta de Jane Austen. Para mí, el ajedrez forma parte de la infancia, madre patria de la vida y la imaginación, del verdadero por qué de las cosas. Y por eso me considero un padre afortunado, porque comparto con los niños que las aventuras te pueden suceder, si te atreves.

 

         Mis hijos y yo pensamos que una partida de ajedrez es siempre como un libro nuevo que se abre por primera vez, con su planteamiento, nudo y desenlace, con sus damas atrevidas o esquivas, sus sacrificados peones anónimos, sus torres inexpugnables y sus caballos atrevidos. Pero, sobre todo, con sus innumerables finales. Es imposible saber cómo o cuándo terminará un lance de ajedrez y en eso es como la existencia, impredecible. Por tanto que un ordenador llegara a saberlo todo del ajedrez sería horrible, sería tanto como empezar a programar la fantasía, el azar, la precipitación, el miedo o el amor. El principio del fin de la literatura y, por consiguiente, de la libertad.

 

         También dice el diario que aumentan las depresiones entre los militares en misión internacional porque sienten que la sociedad no comparte los valores por los que se juegan la piel y lo que hay debajo de la piel. A esto me refiero cuando propongo no rendirnos ante una época que se asombra antes con la prodigiosa exactitud de un autómata que con las hazañas que logra una persona que lucha por otras, que antepone el álgebra a la épica y la informática a la pasión.

 

         Nosotros somos voluntarios para todas las partidas de ajedrez que queden por librar contra todas las máquinas del mundo. Y aunque perdamos, compareceremos por el honor, tal y como mis hijos me han enseñado que se hace por la vida.

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15 Comentarios

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Cuquiña ha dicho el 10/06/2010 a las 12:31:25h
Precioso y romántico tu artículo, pero mira la situación en que estamos tiene poco espacio para la lírica. Afortunadamente parece que los españoles vamos percibiendo a Zapatero como Atila, que por donde pisa no crece la hierba. Pero espero os estéis preparando para no repetir los errores que los socialistas han tenido. Si avisáis antes, nadie se puede sentir marginado. Tendríais que decirnos los ministerios que váis a suprimir, las Tarjetas Visa Oro que vais a retirar, los pases de transporte gratis que no váis a dar, la regulación de los aviones para que no se pueda ir nadie más como la Vicepresidenta con 40 personas de séquito a 400 euros noche de hotel, como si ella fuera la Directora de la Orquesta Sinfónica de Beneixida, o esos tres descarados ministros que se han ido cada un en un Falcon como si España fuera Falcon Crest. En qué medida váis a adelgazar las tres administraciones, los asesores, los puestos de libre designación. Después de pasar este horror con los socialistas, no queremos que se repita cuando vosotros ganéis. Pensarlo y decirlo ante, ya hemos sido suficientemente estafados..

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Eugenio Osuna ha dicho el 07/06/2010 a las 16:44:18h
¡Qué precioso blog y qué maravillosas respuestas, aunque no les guste el ajedrez! Así da gusto vivir en un país y participar de las opiniones de los demás. Con sabiduría y respeto. Esteban, acabo de leer tu entrevista en "El Mundo". Me han copiado el titular, "Sobran políticos", opinión que llevo manteniendo hace mucho tiempo. Gente que vive de la política sin hacer nada de provecho más que pasearse por ahí, decir cuatro cosas, creer que con ello han ganado tres votos y sentirse justificados por ello. Otra coincidencia es la alusión al principio de Peter en el caso de ZP y su nivel de incompetencia. Ya lo he citado en esta blogosfera alguna vez. Otra situación de Peter es el "arabesco lateral", aquél que ha fracasado en su puesto pero se le da otro cometido que no tiene nada que ver con el anterior. El Parlamento Europeo está lleno de ejemplos (españoles,claro). En el Congreso tambien hay casos y en el Senado no digamos. Me despido con el "mate del loco", que supongo se lo habrás enseñado a tus hijos: P3AR-P4R; P4CR-D4T++. En dos jugadas se acabó la partida. Saludos. Eugenio..

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Javi Alamá ha dicho el 03/06/2010 a las 23:34:04h
No me gusta el ajedrez, aguanto como mucho dos partidas de damas seguidas y me encanta la informática. Por el contrario tengo 2 hijos, y ya puedo presumir de haberles enseñado a poner el nesquick en la leche caliente, siempre después de la leche caliente para que no se pegue en el vaso, y al más pequeño de saber que cuando el papi abre su mano y se la pone delante es para hacer un "give me five" en toda regla. Mis hijos son mi despertador por la mañana, mi preocupación por el día y mi tranquilidad por la noche. Por ellos, porque no quiero que sean víctimas de la sociedad sin valores que hoy vivimos y que no siente respeto ya ni por las tradiciones, que por el hecho de serlas no merecen legislarse, y que estamos viviendo como en estos días esta tendencia está cambiando. Por mis hijos empecé un camino muy muy difícil, poniendo todo lo que estaba a mi alcance para colaborar con aquellos que tienen la posibilidad de, al menos, decir bien alto y ante todos, que las cosas van mal, que no se hacen así y que son contrarias a lo que piensa la mayoría. Escribiendo estas palabras he tenido que parar, darle voz a mi televisión y leer con asombro la noticia de que "La consejeria de Sanidad del PSC recomienda el sexo oral a los adolescentes" .. otro más, otro motivo más para no darme por vencido. No importa que para los grandes de este país, mi ayuda, mi esfuerzo, mis manos, mi conocimiento y mis palabras sea otro recurso más, disponible para lo que sea y cuando sea, y que se quede ahí... No me importa, que nunca llegue a hacer algo de lo que realmente pueda hacer sentirse orgullosos a mis hijos, pues no lo haré por mi reconocimiento, sino por el bien de ellos. Esa es mi particular partida de ajedrez, sólo que a mi lado tengo a las máquinas, mis hijos, mi mujer, mi familia, mis valores, mis ideales, y en frente una sociedad sin rumbo, o mejor dicho, con un mal capitán y demasiados puertos donde acudir. Te felicito Esteban por tu escrito, es de los que los lees y relees y siempre encuentras algo nuevo, y te agradezco que compartas con nosotros tus sentimientos y un poquito de tu vida. Gracias..

 

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