Me llama Esteban González Pons, jefe de Comunicación del partido, apóstol de la seducción política e intrépido explorador del Nuevo Mundo Digital. Imposible resistirse a su generosa invitación a participar en la Blogosfera del PP. "Tienes que estar, Cayetana". Miro hacia un lado, hacia el otro y hacia dentro. Pero si llevo casi dos años en la clandestinidad, en un maternal exilio interior... "Pues es hora de emerger".
Mis recuerdos son de una columna de papel: un hueco vertical, privilegiado y familiar, la tiranía de los 1.900 caracteres, la noche de remordimientos y la mañana de reacciones. Para mí, el blog era cosa de otros y de esos otros pocos eran políticos. Ni Obama. Ni Cameron. Ni, por supuesto, Pepe Blanco. Con cierto retraso, descubrí que el verdadero diario independiente de la mañana era el de Arcadi Espada; luego irrumpió entre mis favoritos Santiago González, humor cáustico y conciencia vasca; ahora me someto a las ráfagas vespertinas de Albert Boadella como a una cura de salud. El blog, no como instrumento para el adoctrinamiento, sino como cauce para el debate, la discrepancia, la crítica y la libertad.
Pienso en la Venezuela de ETA. Pienso en Cuba. Pienso en la valentía infinita de Yoani Sánchez, que, ronca y aturdida por el asesinato de Orlando Zapata, vuelve a la carga a través de su Generación Y: "La vida nunca retorna a la normalidad. Se me apilan las imágenes del miércoles: detenciones, golpes, violencia, un calabozo con peste a orina que colindaba con otro donde Eugenio Leal y Ricardo Santiago exigían sus derechos. El resto del tiempo ha sido caminar como un maniquí, mirar sin ver, teclear con furia. Así no hay quien escriba una línea coherente y moderada."
Y yo, ¿de qué escribo? Por ejemplo, de los personajes que desfilan por ese magnífico teatro de virtudes, vicios y vanidades políticas que es el Congreso de los Diputados. Las contorsiones de un Rubalcaba atrapado en el callejón sin salida de sus fechorías. La melancolía estridente de una vicepresidenta primera amortizada. El ocaso del peor presidente del Gobierno de la Historia de España. Desde mi escaño, la bancada socialista parece una masa goyesca de muecas sin ojos que sólo se disuelve en la tranquilidad de los pasillos.
O quizá sea ésta una oportunidad para glosar los avatares de España y de la Libertad. Mi nostalgia de la Transición es prestada. Ni siquiera tengo un recuerdo impreciso e infantil del 23-F que enarbolar ante el micrófono cada vez que se precipita un nuevo aniversario. Sin embargo, me ha tocado, nos ha tocado a todos, ser testigos y partícipes de una nueva gran crisis española. Como aquella "declinación" ante la que sucumbió Olivares. Barceló no es Velázquez, pero otra vez Cataluña se nos va, el Estado amenaza quiebra, la reputación de España se resquebraja y las instituciones se deshilachan ante la mirada perdida de una sociedad sin referentes.
Y, sin embargo, no obstante, a pesar de todo, dennoch...
A pesar de los Castro y de la condescendencia cómplice de la izquierda, Cuba girará inexorablemente hacia la libertad. De la misma manera, la España constitucional, la de las libertades, también prevalecerá. Pero no será fácil. No bastará con ser pacientes. Una generación audaz, valiente y desacomplejada del Partido Popular tendrá que liderar el proceso de reconstrucción política y democrática de España. Y, además, contarlo.
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