La otra tarde volví a las Ventas. Un cartel de lujo, ganadería de "fuste", tendidos abarrotados y buen tiempo. Como casi siempre un poderoso grupo de aficionados comenzó a imponer su dictadura, la de las voces, el silbido, el ruido en general.
Respeto su derecho a protestar si algo no les parece bien, pero no creo que sea lo más oportuno hacerlo cuando alguien está en la cara del toro. Tampoco parece razonable hacer tanto ruido, si son incapaces de reconocer sus errores. Así, ...