Los abajofirmantes de todos los manifiestos contra la injusticia real o inventada han callado como cobardes para no hablar de lo que pasa en Cuba. Para no hablar de lo que pasa en Cuba y en todos aquellos países cuyos gobiernos son una bandera política para una izquierda que, tras la caída del Muro de Berlín, se ha quedado sin otro ideal que el descrédito de los valores de la democracia occidental. El sufrimiento que provocan los dictadores de la tierra no lo sienten, porque en sus corazones de piedra sólo hay un impulso de rechazo a los valores occidentales. Y por tanto, se callarán siempre ante los crímenes que cometan estos violadores de los derechos humanos.
Nuestro gobierno se supera a sí mismo en el difícil arte de hacer más el ridículo al hablar de Cuba. Llevan años diciendo que el diálogo avanza. Avanza hacia ninguna parte. Los Castro le han tomado la medida a Zapatero y se han dado cuenta de que hagan lo que hagan, Zapatero no plantará cara para exigir el respeto a los derechos humanos en Cuba. No sólo no se planta cara sino que se siguen aumentando las ayudas al régimen cubano año tras año.
Mientras tanto, los corazones de piedra, que lloran lágrimas sólo cuando los derechos humanos se violan de forma políticamente correcta, no quieren saber nada de los cubanos encarcelados injustamente, tras juicios sumarios, encerrados en prisiones infrahumanas.
El Partido Popular batallará por conseguir que Cuba sea un país libre y democrático. Y denunciaremos cualquier intento de silenciar -o, aún peor, de justificar- ni una sola muerte, como ha ocurrido con el caso de Orlando Zapata. El mito revolucionario y social de Cuba cayó hace años y un gobierno es cómplice de la dictadura y de la persecución de los derechos humanos cuando muestra comprensión hacia los que han matado la libertad del pueblo cubano.
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