Blogosfera - Partido Popular - pp.es
16
2010
Jun
Un país a cámara lenta

Hace algunos años, Deng Xiaoping le hizo una inquietante pregunta a Felipe González, quien entonces era presidente del gobierno español. "Ustedes los europeos, con lo poquitos que son, ¿cómo no se ponen de acuerdo?" Lo cuenta el diplomático Eugenio Bregolat en La segunda revolución china, un interesante ensayo sobre el despertar del gigante asiático. Se entiende que Deng, el visionario que introdujo el capitalismo en el país de Mao, no comprendiera que un territorio con mucho menos de la mitad de población que el suyo anduviera perdido en disputas que a sus ojos tenían dimensión doméstica. Pero el hecho es que, pese a los procesos de integración puestos en marcha en los últimos años -y el euro ha sido precisamente una de las pocas cosas que al parecer han suscitado cierto respeto en Beijing-, la dispersión parece haber sido el vector dominante en la vida europea. Con tanta fuerza, que las tensiones que esa evolución ha producido no se han limitado únicamente al desacuerdo o la descoordinación entre estados. Obsérvese, estos días, el resultado de las elecciones belgas, en los que muchos analistas ven una amenaza potencial para la integridad del país que alberga las principales instituciones de la Unión Europea.

 

Mientras nuestras economías tratan de librar una batalla de carácter global, en la que se enfrentan no sólo a sus propias peculiaridades locales, sino a la necesidad de generar confianza en el ámbito internacional, perduran, aunque sea en sordina, los debates centrados en la identidad individual y las pequeñas querellas. La actual representación parlamentaria de nuestro país, carente de mayorías nítidas y por tanto de operatividad suficiente, es fiel reflejo de ese estado de cosas, que hace que en muchos casos -es decir, en el de los partidos pequeños, y en aquel que tiene que apoyarse en ellos para gobernar- primen las agendas particulares sobre el interés nacional.

 

Si hacemos caso de los dos últimos premios Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, Alain Touraine y Zygmunt Bauman, no se trata tanto de un problema específicamente político como de un fenómeno social. La sociedad, llega a decir Touraine, ha estallado: ya no se define por un sistema de clases, como antiguamente, y ni siquiera por un código de conducta; por encima de eso, prevalece el repertorio de las elecciones culturales e identitarias que cada cual escoge. Es una sociedad líquida, según la terminología creada por Bauman, donde la ausencia de referencias hace que el sentimiento natural sea la angustia. Por eso en los últimos años algunos han procurado que discutiéramos más de las costumbres que de la economía, de las creencias religiosas, éticas o estéticas antes que del PIB, la I+D o la modernización del aparato productivo. Un debate que no detiene el deterioro creciente causado por los problemas sin resolver, pero que en contraste hace que la acción de gobierno y la vida política parezcan desenvolverse a cámara lenta.

 

Pero esta lógica de dispersión postmoderna ha fracasado, con toda la contundencia y la crudeza que las bolsas y las oficinas de empleo son capaces de expresar. Con perdón de Touraine y de Bauman, vaya si son reales los problemas del PIB. Así que ahora la gran tarea política, económica e incluso social que está por hacer es ésta: centrarnos en lo esencial y convocar a la unidad del país, para reconstruir sinergias y recuperar un discurso que, escuchado aquí y en Beijing, resulte coherente. Claro que hablamos de una evidencia que no termina de abrirse paso, porque no está en las manos adecuadas. Todos sabemos que se precisa una nueva convergencia, desde el sistema educativo a la unidad de mercado; la reforma laboral, de hecho, no es otra cosa sino un intento de terminar con la dualidad del sistema, entre fijos y temporales.

 

Pero Zapatero no puede desempeñar ese liderazgo de recomposición, porque su estrategia ha consistido durante seis años en lo contrario: dividir al país, en busca de una legitimidad distinta a la de la Transición, en la esperanza seguramente de que el tiempo fuera transformando la sociedad y quizá el propio Estado en torno a unas bases nuevas y más cercanas a sus ideas. La Historia le ha dejado literalmente fuera de juego, pues ahora avanza en la dirección opuesta, y por eso su valoración en las encuestas se ha desplomado: todos saben que no es el hombre para esa tarea.

 

Así que la pregunta de Deng sigue vigente. Con lo poquitos que somos, ¿cómo no nos ponemos de acuerdo? Nos toca a los hombres y mujeres del Partido Popular convocar a la sociedad a esa gran empresa.

 

PD.- El Gobierno aprueba una reforma laboral por entregas, mientras los sindicatos llaman a una huelga diferida. ¿No demuestra eso esta agonía a cámara lenta?

 

 

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6 Comentarios

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6

la primera fuente ha dicho el 18/06/2010 a las 18:06:49h
Estimado Sr. Gallardón Coincido con sus razonamientos. De ahora en adelante habrá que cambiar muchos aspectos. Centrarse menos en esa identidad ética e individual de los españoles y acometer reformas que nos permitan en cada momento valorar cual es el estado de todos los individuos de esta nación en su conjunto. Yo llevo unos días un poco desanimado. Este bunker político que se han montado en moncloa, del que últimamente salen de vez en cuando para decir que se van hacer reformas que no garantizan la creación de empleo o que se van a ir adoptando una serie de medidas antisociales paulatinamente, y todo eso ofrecerlo como medidas valientes al hilo de una conversación que se tuvo con Obama o Merkel, o de un sorpresivo informe del Fmi, después de haber negado la crisis durante tantos meses, y como muy bien dice Pedro J. en su videoblog, después de empezar la Presidencia de la Unión Europea anunciando sanciones para los países que no adoptaran cierta disciplina presupuestaria para luego acabar en la última reunión siendo el rumor del próximo país que se deba acoger a similar disciplina, nos ofrece un gobierno incapaz, sin ideas, tenaz, insultantemente tenaz y agresivamente antisocial. Por eso es importante como decía el General de Gaulle aquello de, y conmemorando a ese de Gaulle de aquel 18 de Junio de 1940: "Yo, el General De Gaulle, actualmente en Londres, invito a los oficiales y a los soldados franceses que se encuentren en territorio británico, o que ahí vinieran a encontrarse, con sus armas o sin ellas; invito a los ingenieros y obreros especialistas de la industria de armamento que se encuentren en territorio británico, a ponerse en contacto conmigo" Si queremos frenar una revolución social en España vamos a tener que tomar decisiones. No están las cosas como para tomárselas a broma. Vamos a ver cómo se va desarrollando el futuro de este país. .

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18/06/2010 a las 13:57:36h
Hacer eco de una visión de "partido único" no creo que esté a la altura de tu valía como político...Deng Xiaoping no parece que pueda inspirar mucho políticamente y menoas a una Europa que es el corazón de Occidente. Ese Occidente que si ha inspirado la actual deriva de China, por lo menos en lo que a economía se refiere. "Todos unidos" es un buen grito para hacerse con un electorado descontento con una situación económica, pero que el origen de ese grito venga de un comunismo de partido único.... no sé !? Saludos.

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Lucía García ha dicho el 18/06/2010 a las 11:27:58h
La mejor manera de salir bien parado de una pelea es no empezarla. Cuando discutimos hay una fuga energética que nos resta fuerza para acometer lo verdaderamente importante. Zapatero se ha metido en una batalla innecesaria y desgastante. Todos deseamos ser felices, obtener respeto de los que nos rodean y estar sanos. Lo que nos une es mucho más obvio que lo que nos separa. En cualquier batalla pierden tanto los vencedores como los vencidos, Zapatero no debería empezarla, al final perdemos todos. .

 

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