Una marea de incontenible entusiasmo anega las calles españolas. En un tiempo que va corto de alegrías, cunde el júbilo espontáneo de saberse capaces de lo más alto. No es frivolidad ver en un éxito deportivo como el conquistado por la Roja el potencial de un país. Los elementos con los que se ha fraguado éste son los mismos que se necesitan para superar otra clase de dificultades: la generosidad de un conjunto de talentos bien avenidos, que trabajan coordinadamente en pos de un beneficio común. Sin artificios, sin resquemores, sin afanes de protagonismo que por otra parte no son necesarios a la vista del mérito inmenso de cada una de las individualidades. Y un entrenador que se sabe al servicio del equipo y del público, con la autoridad natural que otorgan el trabajo constante, la modestia, el sentido común. El deporte, tan denostado en ocasiones, tan injustamente desvalorizado como mero negocio o señuelo con que distraer al ciudadano de otros empeños, se reconcilia así con su origen más auténtico, el que le dio la vida en los tiempos remotos de la antigüedad, así como en los primeros años del siglo pasado: una escuela cívica en la que aprender lo mejor. Aflora hoy un limpio sentimiento nacional, libre de aspavientos, exclusivismos o interesadas cargas ideológicas. Sólo la sencilla alegría de ser español...
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El miércoles, Debate sobre el Estado de la Nación, ya saben, aquella realidad "discutible y discutida" sobre la cual el Tribunal Constitucional no alberga las mismas dudas que el Presidente del Gobierno. Probablemente asistiremos a una nueva vuelta de tuerca en el tornillo sin fin en que se ha convertido su política, en virtud de la cual sus apoyos le reclamarán que recorra, por carreteras secundarias, el trayecto hacia la superación del Estado que no ha sido posible hacer por la autovía de la reforma estatutaria. La respuesta de Rodríguez Zapatero es, como todo, una incógnita. ¿Pactará, no ya con CiU, sino con una parte de su propio partido -el PSC- aquello que queda fuera de la Constitución, prolongando así la inseguridad jurídica que ha paralizado la vida catalana cuatro años? ¿Se replegará hacia las posiciones más responsables de otra parte del PSOE -bien es verdad que reducida a una suerte de oposición interna silenciosa o laminada, según los casos-, en línea con el respeto a nuestra principal norma de convivencia?
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La voz de Cataluña, como la de toda sociedad compleja, es plural y está llena de matices. Son esos tonos intermedios los que dan color al esbozo de esa tierra y reflejan su autenticidad. Por eso no se puede tomar una parte por el todo, y por eso vuelvo a recordar estos días el pensamiento crítico de un gran catalán, Jaume Vicens-Vives, quien en su Noticia de Cataluña, ya citada en este blog, deja reflexiones como ésta:
"Dominados por la tiranía del seny, que exacerba el sentimentalismo, los catalanes pasamos del recto proceder al desatino sin casi darnos cuenta, mucho más si a ello nos empujan ajenas incomprensiones. Esto ha hecho que nuestro reformismo haya sido generalmente inadecuado y sin provecho para propios y extraños. Las generosas fuerzas de regeneración que hemos acumulado a lo largo de los siglos, a veces como soluciones capitales del resurgimiento nuestro y de España, las hemos consumido en el flamear de la impaciencia, el atolondramiento de la asonada, la ceguera del todo o nada, la intemperancia del basta. Somos así; pero tal vez podríamos ser de otra manera. Estamos convencidos de que, actuando sobre las fuerzas tirantes de la autenticidad que respira el fondo de nuestro carácter, podrían enmendarse muchas cosas. Pero esto requiere tiempo, amor y mucha confianza".
Claro que ni siquiera Vicens-Vives es infalible. Bien puede ser que, sobre un fondo de verdad, se equivoque al infravalorar la contribución catalana, que es grande y que España entera aprecia. Aunque en lo que acierta, seguro, es en su idea de que, retornando al seny, no hay nada que sea irreparable.
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