Esta mañana he estado con nuestra Secretaria General María Dolores de Cospedal en Talavera de la Reina, en un desayuno con la sociedad civil convocado en torno al tema "Ciudades para el empleo". Ésta ha sido parte de mi reflexión, que comparto ahora con todos los seguidores de este blog:
Los elevados niveles de desempleo que hoy sufre España son sin duda la consecuencia más dramática de la gestión de un gobierno cuya complaciente inhibición, consistente en no hacer ni dejar hacer a otros, ha acabado por dilapidar, en muy poco tiempo, la herencia de crecimiento y bienestar que dejó el Partido Popular. Una herencia que, en términos de empleo, se cerró con una tasa de paro del 11% -la más baja de nuestra historia, hasta aquella fecha- y que hoy, con un paro del 20%, prácticamente se ha duplicado. Los 2,1 millones de parados de marzo de 2004 se han convertido, por obra de esta política de la indiferencia, en más de cuatro. Especialmente dramática resulta la situación que están viviendo nuestros jóvenes. Más de un 40% de los jóvenes españoles quieren trabajar y no pueden hacerlo. Esta tasa significa que duplicamos la media europea en ese segmento y cuadruplicamos la tasa de países como Alemania, donde el paro entre los menores de 25 años se sitúa en torno al 10%. Con estos datos, no resulta exagerado decir que el Partido Socialista no solo ha dilapidado el mejor patrimonio que ha dejado jamás un gobierno en España, sino que ha logrado hipotecar y robarle el presente a una generación con la que en algún momento tendrá que rendir cuentas.
Tenemos que despertar cuanto antes de este mal sueño. No podemos permitir que esta situación se prolongue un minuto más. Porque, pese a la doctrina del Gobierno, no es cierto que lo único que se pueda hacer sea resignarse y dejar pasar el tiempo. España ha demostrado ser un gran país capaz de competir al máximo nivel y de representar un digno papel entre las grandes naciones del mundo. Y podemos volver a asumirlo, siempre y cuando nos impliquemos todos. Porque los ciudadanos, las empresas y las administraciones estamos convocados a la difícil tarea de recuperar la senda del crecimiento para permitir a nuestra economía crear de nuevo empleo.
Y aunque estamos viendo cómo desde el Gobierno se le da la espalda a los ayuntamientos, lo cierto es que estos, aun careciendo de medios suficientes para el sinfín de competencias que atienden ante la demanda de los ciudadanos y la simultánea indolencia de la Administración general, tienen en su mano no sólo una capacidad de compromiso demostrada, sino también algo que en estos tiempos parece un bien escaso: iniciativa e imaginación. Porque, de hecho, las ciudades venimos desempeñando un importante papel en la ejecución de las políticas activas de empleo, destinando a ello incluso recursos propios. Es decir, no nos limitamos a ejecutar políticas con las transferencias que recibimos de las Comunidades Autónomas, sino que destinamos al desarrollo de esas políticas recursos adicionales procedentes de los propios presupuestos municipales. Y lo hacemos porque, siendo la administración más cercana al ciudadano, conocemos mejor que ninguna las necesidades reales de nuestros vecinos. Y pese a ello, se nos niega el que podamos participar más activamente en el diseño, planificación y ejecución de las políticas de empleo.
Ésa es la reivindicación que, desde 2008, y desde el Foro de Ciudades para el Empleo, venimos haciendo ciudades de tan variado signo político como Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Valencia, Valladolid, Sabadell... y así hasta 24 integradas en este Foro. Estas ciudades reivindicamos el reconocimiento de la competencia local en materia de empleo; la apertura del marco institucional a la participación de las entidades locales en el diseño y gestión de dichas políticas; una mejora del sistema mediante el cual se financian; y, entre otras muchas cosas, el reconocimiento de los medios jurídicos y económicos necesarios para poder desarrollar con eficacia políticas destinadas a apoyar a los emprendedores y a las pequeñas y medianas empresas, como agentes económicos con especial capacidad para crear riqueza y empleo. [...]
En Madrid hemos dado un paso, hasta donde hemos podido, para robustecer la economía y evitar en lo posible la destrucción de empleo. En los últimos años, las inversiones realizadas, sin más recursos que los allegados por el propio esfuerzo de los ciudadanos, han servido para aportar infraestructuras y condiciones de competitividad a la economía madrileña, y a muchas otras zonas con la que mantenemos una estrecha relación, como es el caso de la provincia de Toledo, lo cual sitúa ahora a nuestras empresas en una mejor posición para resistir a la crisis. Así lo confirma el hecho de que mientras ésta se agravaba, el porcentaje de empresas creadas en Madrid respecto al conjunto nacional ha aumentado del 11,5% al 13%, del mismo modo que el año pasado el PIB de Madrid cayó un tercio menos que el español. El resultado es que hoy nuestra tasa de paro está 4,2 puntos por debajo de la nacional. Las infraestructuras viarias que mejoran nuestra conexión con los mercados, la regeneración del centro que ha elevado nuestro turismo hasta superar los 7,6 millones de turistas al año, los viveros de empresas con los que estamos impulsando el cambio de modelo productivo hacia uno basado en el conocimiento, son la viva expresión de ese compromiso y ese esfuerzo que Madrid ha hecho sola, y que las ciudades, cada una dentro de sus posibilidades, pueden contraer para contribuir así a la creación de empleo.
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