En el otoño de 1989, mientras se desmoronaba el orbe comunista, se habló de la aceleración de la Historia. Entonces como ahora, se tuvo la sensación de que los acontecimientos adquirían un ritmo endiablado, desencadenando en apenas semanas cambios asombrosos en un orden político y geoestratégico que había imperado durante décadas. En realidad, más que de aceleración de la Historia se trataba de la venganza lógica de ésta, por lo que lo apropiado hubiese sido referirse a una His...