La sucesión de desastres que se abaten sobre el pueblo japonés, simultáneamente asolado por uno de los mayores terremotos de los que se tiene constancia, por el tsunami subsiguiente y por el accidente de la planta nuclear de Fukushima, parece excesiva incluso para quienes han sido educados en el mayor civismo, en la contención de las emociones y en la fuerte solidaridad propia de una sociedad insular. En horas como la actual, mientras aquel país libra una batalla dramática, el mundo es...