De haber sabido lo que el futuro le deparaba al mundo, Su Graciosa Majestad Isabel II hubiera reservado la ya famosa etiqueta de "annus horribilis" para 2010, en lugar de adjudicársela precipitadamente a un 1992 que hoy, en comparación, nos parece próspero y bondadoso. Pero, por la misma razón, no conviene que nosotros despachemos ahora el año con esa misma expresión latina, no vaya a ser que aún tengamos que añorar el actual estado de cosas. Claro que de ahí a pedirle al ciudadano ...